Historia de la Alquimia

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La alquimia, al lado de la astrología, de las numerosas mancias  y de la magia, tiene un lugar de gran importancia en las artes ocultas.  La alquimia es el arte de convertir los metales en oro.


Aunque la alquimia nos da un buen punto de partida para develar el conocimiento oculto de la ciencia; conforme al diccionario de la Academia Francesa es una ciencia oculta en la que se usan procedimientos
químicos y fórmulas de un supuesto arte sacro.

La alquimia como ciencia es considerada como la abuela de la química, donde se observan formulas y teorías de estudiosos en pos de adquirir el secreto de la transmutación de los elementos.

La alquimia mística se refiere a que el simbolismo alquímico no se aplica a la materia, sino a las operaciones espirituales.

Historia de la alquimia.

El origen de la alquimia occidental es Alejandría. La alquimia nace de una compleja amalgama de prácticas y teorías  caldeas, judías, egipcias y griegas.

Los principales representantes de esta época fueron Zósimo, Sinesio, Olimpidoro, así como María la Judía.

Es muy poco lo que se sabe de los alquimistas, quienes guardaron celosamente no solo su identidad, sino de igual forma sus conocimientos. Los antiguos alquimistas creían que María  o Miriam, era la hermana de Moisés, aunque no hay ninguna prueba de esto, probablemente fue contemporánea de Demócrito,  en la Alejandría del siglo II. De igual forma María fue un genio inventando utensilios y equipos para el laboratorio.

Empleándolos de una manera por demás original.


Se le atribuye como principal contribución un aparato llamado kerotakis, el cual servía para calentar sustancias utilizadas en la alquimia y recoger vapores. Otros de los inventos creados por esta extraordinaria mujer es una especie de baño, que es el mismo tipo de hervidor doble que se encuentra en nuestros días en cualquier cocina, el bien conocido “baño María”.

El kerotakis era un recipiente hermético con una lámina de cobre suspendida en su parte superior. Cuando los estudiantes calentaban diferentes sustancias así como compuestos de azufre, arsénico y mercurio, los vapores se concentraban en esta lamina de cobre, que cambiaba de color y daba la impresión de que adquiriría el espíritu del oro.

Para que el proceso tuviera éxito, todas las uniones debían estar ajustadas al vacio. El uso de este recipiente dio origen a la expresión  “cerrado herméticamente”.

María y sus acompañantes  creían que el proceso que se llevaba a cabo dentro del kerotakis era parecido al que se llevaba en las entrañas de la Tierra para la creación del oro.

El compuesto que empleaban frecuentemente para la calcinación era el rejalgar, un mineral de color rojo anaranjado con sulfuro de arsénico, que es muy común en las minas de oro. Comparaban al fuego de su crisol con las llamas de Hades, que purifica todas las sustancias que se le entregan.

Durante el proceso de alquimia, el rejalgar era efectivamente “asesinado” dejando únicamente un resto negruzco que los alquimistas nombraron el “cadáver”.  En lo que el azufre quedaba liberado, igual que un alma incorpórea se eleva a las alturas.

Cabe mencionar que los escritos de María no sobrevivieron, sus enseñanzas fueron generosamente difundidas. Existió  mujer otra   alquimista, quien se autonombro Cleopatra.

Uno de los escritos de gran importancia de Cleopatra fue una página de diagramas simbólicos. En una de sus imágenes se mostraba una serpiente tragándose su propia cola y formando un anillo, llamada Ouroboros.

“El Uno es el todo” se veía escrito en el centro de este círculo. Durante mucho tiempo los alquimistas no tuvieron una mejor representación, ya que esta mostraba gráficamente todas sus creencias: la serpiente en forma de círculo representaba la unidad cósmica, en la que el mundo superior hermanaba al mundo inferior y toda la materia era intercambiable.

Algunas otras tradiciones ven representada en la serpiente la unión sexual entre el hombre (como humanidad) y Dios, o la representación extática del espíritu divino. Ya que la serpiente muda de piel, se creía era longeva, se renovaba asiduamente en un círculo de renacimientos.

El ciclo de muerte y renacimiento había sido el tema central de diferentes religiones místicas y se convirtió en un tema recurrente en la alquimia. Quizás el más erudito de Alejandría que hiciera referencia este ciclo fue Zósimo  renombrado como Panopolitano, por ser oriundo de Panopolis, en Egipto. Este famoso hacia el año 300 recopilo la sabiduría de iniciados anteriores a su época para formar lo que llego a ser una verdadera enciclopedia del arte hermético.

Zósimo  determinaba a manera de una serie de utensilios de laboratorio, en el que se incluye el kerotakis y las recetas, podía convertir metales de baja ley en oro. Además describía  de tal forma este proceso de transmutación. En ocasiones los resultados no siempre cumplían con lo requerido para el oro, advertía Zósimo,  el aprendiz no debía desanimarse. Quizás el proceso creo algo más poderoso: “un coral de oro”.

Tan poderoso que podría transformar a cualquier metal en oro. En un escrito atribuido a Zósimo, se habla de una “piedra” que no es piedra, un objeto de valor incalculable, algo que tiene muchas formas y que no tiene forma ese algo desconocido que es, bien conocido por todos. Quizás esta sea la referencia más antigua de la que posteriormente se llamara “piedra filosofal” una sustancia que los alquimistas posteriores buscaran aún más apasionadamente que el mismo oro.


La alquimia medieval que refloreció en el Renacimiento, y que influenciara con sus ideas a los intelectuales aceptados en las “gildas” de constructores del siglo xvII y por ende en las logias, masónicas del xvIII, era mucho más que aquello: un sistema científico-filosófico general, cuyos símbolos fueron de igual forma utilizados por los astrólogos y otros ocultistas e iniciados.

Para el año 633 las legiones islámicas avanzaron hacia Siria y más tarde a Irak y a Persia, Egipto cayó al año siguiente, seguido por España y el norte de África. Alejandría  fue devastada, y sus preciados documentos fueron arrebatados a manera de botín de guerra; durante los siguientes cinco siglos los trabajos más importantes de alquimia y hermetismo tuvieron lugar en centros islámicos como Bagdad, Damasco, Córdoba o Toledo. Los textos más relevantes de este periodo están escritos en árabe.


A mediados del siglo vIII, vivió en Bagdad el padre de la alquimia árabe: Abu Musa Jabir Ibn Hayyan, famoso como Geber o Javier; como la mayoría de los sabios de su época Geber era polifacético, estudiaba música, filosofía y arte militar. Tenía similitud con los escritos de Platón y Aristóteles, así como con los antiguos escritos de Alejandría.

Geber aporto a la alquimia elementos completamente nuevos, de igual forma que María la Judía escribió de su laboratorio y daba la siguiente información: “Aquel que no practica sus experimentos, no conseguirá nada”. Mezclo vitriolo con aluminio y salitre, y de esta forma descubrió el acido nítrico o aqua fortis como el mismo la denomino.

En el medio teórico,  Geber replanteo las teorías de Aristóteles acerca de que las exhalaciones terrenas generan los minerales. Este alquimista trabajo apuradamente, aunque no se tiene noticias de que haya conseguido crear oro.

En el reinado de Harun al Raschid, el califa de las “Mil y una noches” Geber se vio envuelto en disputas que lo obligaron a un exilio, en donde termino sus días. Con Geber se inició la época de oro de la alquimia árabe.

Los practicantes islámicos de la alquimia le dieron al mundo los términos de alcohol, álcali y alambique. Otra contribución de gran relevancia fue el elixir, esta sustancia al igual que la piedra filosofal tenía la propiedad de convertir los metales en oro, además de otras muchas propiedades mágicas.

Cuando el Imperio Islámico llega a la India y China, creencias ocultas de Oriente iniciaron la práctica de la alquimia, pensaban que si ingerían  oro licuado se volverían inmortales. Muchos alquimistas consagraron la búsqueda del elixir de la vida.

El mundo árabe era la cuna de dos alquimistas más: Rhazes y Avicena, los dos junto con Geber fueron cimientos donde se construyó la alquimia europea.

Entretanto Europa estaba sumida en el oscurantismo, el mundo árabe vivía el apogeo de la alquimia. Durante el siglo xI, Europa comienza a recuperar el norte, y busco inspiración en los sabios árabes, lo que le llevo a reencontrarse con los filósofos y científicos griegos. Empezaron a traducir escritos al latín  de Platón Aristóteles, Demócrito, Pitágoras, junto con Geber, Rhazes y Avicena.

Sin embargo, las persistentes matanzas que dividieron al islam del cristianismo, genios de los dos lados se juntaban para intercambiar ideas y procedimientos, en especial en el norte de Francia y en la España morisca. Fue aquí donde se cree que llego la alquimia a Europa.

Uno de los centros de gran importancia donde se llevó a cabo el intercambio de ideas fue la Universidad de Montpellier, en las colinas del Pirineo francés. La gran parte de los practicantes eran hombres de iglesia, los estudios se concentraban en la medicina, el latín, el griego y el árabe.

Pero además de ser una universidad de reconocimiento, Montpellier fue el crisol de la alquimia europea. Se piensa que la gran parte de iniciados de la época estuvieron ahí.

Fue en esta universidad donde se formaron los grandes iniciados Alberto Magno y Tomas de Aquino. Los dos monjes dominicos profundamente religiosos, que gustaban de las enseñanzas de Aristóteles.

Alberto Magno (siglo xIII). Hijo de una familia noble de Suabia, Alemania, cuya impresión de ser un niño de mentalidad ilimitada. Años más adelante afirmo que en una sesión privada la Virgen le había dado el don de la elevada inteligencia. Cualquiera que haya sido el caso. Alberto llego a ocupar una catedra en dos de las universidades de gran importancia: Paris y Colonia de igual forma ocupo la sede episcopal de Ratisbona. Era tanta su fama de inteligencia y erudición  que pronto se le conoció con el apelativo de  “Doctor universalis”.

Alberto no creía en la alquimia, pensaba que sus iniciantes eran embaucadores y charlatanes.  Sin embargo estaba fascinado con ella y le  dedico muchos de sus escritos. La fama de este científico provoco un sinfín de historias a su alrededor, una, tal vez la publicada, es la del “Autómata”. cuenta la historia que en su estudio guardaba una estatua de bronce, que había modelado su aprendiz Tomas de Aquino.

Un día Alberto unto un elixir a la estatua y esta cobro vida. Durante un tiempo, fue muy útil para recados y hacer diferentes tareas domésticas. Pero el autómata tenía un defecto, parloteaba incesantemente. Este ruido era verdaderamente insoportable, por lo que Alberto tomo un martillo y lo rompió en pedazos.

Esta historia circulo inmediatamente, ya que en esos tiempos el don de dar la vida era solamente un terreno de Dios, por lo que esta historia cuestionaba los procedimientos de la alquimia. Su aprendiz y elegido, Tomas de Aquino, sufría por estos rumores y acusaciones.  Generalmente cualquier dilema entre la ciencia y la fe, le causaba un gran conflicto. En su insistente esfuerzo por resolver las contradicciones entre la fe católica y la filosofía griega, escribió numerosos escritos que servirían después como fundamentos de la teología católica.

Tomas de Aquino rechazaba la alquimia por creer que era terreno del diablo; pero muy pronto dejo de negar la virtud del elixir y de la piedra filosofal. Los escrúpulos de Aquino no mermaron el entusiasmo de sus arcaicos.

Arnau Villanova, médico español catalán, que impartía catedra en Montpellier, afirmaba que poseía poderes mágicos tan extraordinarios que era capaz de crear a un ser viviente, al verter sustancias químicas en el interior de una cabeza.

Arnau estaba seguro de la existencia de la piedra filosofal, que podía curar enfermedades en un solo día, las cuales comúnmente toman un mes para su recuperación, de igual forma la piedra tenía el don de crear oro, y se rumoraba que la había empleado para esta finalidad.


El inglés Roger Bacon, uno de los extraordinarios alquimistas europeos, monje franciscano y profesor de Oxford, destaco por sus innegables éxitos  y su inteligencia. Se le acusó de haber conjurado a los elementos, de convocar al diablo, de fabricar un espejo que en su imagen mostraba el futuro y de modelar una cabeza parlante en bronce. Su verdadera contribución  era marcar una nítida diferencia entre la lógica  y la experiencia, entre las llamadas verdades guardadas en las bibliotecas y las que se derivan de la observación personal. Bacon pensaba firmemente en la transmutación de los metales.

Sin embargo comparaba la transmutación de los metales con el hombre que busca un tesoro en un jardín,  si bien no encuentra el tesoro, ya removió la tierra y con ello aumentara su cosecha.

Las aportaciones de Bacon a la alquimia fueron de gran importancia, más adelante tuvo complicaciones con las autoridades eclesiásticas, lo confinaron a arresto domiciliario y en 1284 fue encarcelado por el papa Nicolás IV, permaneció en prisión los siguientes diez años, murió  poco tiempo después ser puesto en libertad, según se conoce, por una explosión en su laboratorio.

A los contemporáneos españoles de Bacon no les fue mejor que a este. Raimundo Llulio fue acusado de herejía y falleció lapidado. Arnau Villanova pereció durante un naufragio, no sin antes padecer la persecución de la Inquisición, acusado de brujería  y herejía.

En 1317 el papa Juan xII promulgo una bula papal en la que denunciaba a la alquimia, esta deposición aunada a las presiones externas sobre los implicados en lo que les dio por nombrar la Grande Obra eran cada vez más severas. Sin embargo, el interés sobre esta práctica crecía, uno que otro rico estaba dispuesto a patrocinar experimentos, esperando que el favor se les retribuyera con más riqueza.

En el siglo XV, el Renacimiento ilumino a Europa con su luz intelectual y trajo consigo la edad de oro de la alquimia. Durante esta época  vivió Nocholas Flanel, la historia de este alquimista es elaborada a partir de sus propios escritos. Dedico parte de su vida a la búsqueda de la piedra, cuando la encontró, según cuenta la historia, la uso para bien de la sociedad y se vio recompensado con riquezas materiales, perfeccionamiento espiritual y con la inmortalidad.

Sin embargo, la alquimia no fue lo que piensan los profanos, aun los científicos, en tanto sistema de transmutación de los metales en oro, cuyas, generalmente fallidas tentativas, dieron lugar, a pesar de, muchos postulados y términos de la química moderna, era mucho más que aquello: un sistema científico-filosófico general, cuyos símbolos fueron de igual forma utilizados por astrólogos y otros ocultistas e iniciados. La “piedra filosofal” de los alquimistas no servía mucho para conseguir la fabricación del oro, a partir del plomo y otros minerales, sino del “oro potable”, que simbólicamente trataba de hacer avanzar a la humanidad en su camino de perfección.

La verdadera transmutación fue la de las mentes y las almas, “la transformación de una especie de antropoides ignorantes, groseros, barbaros, intolerantes e inmorales, en otra de hombres instruidos, corteses, tolerantes y morales”, al decir de Oswald Wirth, jefe de la escuela masónica de alquimia de Francia, en los años treinta del pasado siglo.

En la “Gran Obra”, el plomo significaba la vulgaridad, la pesadez, la ignorancia, la imperfección, y el oro todo lo contrario. Los discípulos iniciados en el arte regio no se interesaban mayormente por los bienes perecederos, sino por los logros eternos del espíritu. La materia prima del gran arte, la idea pura, no falseada por la expresión verbal, debe extraerse de su mina, es decir, de nosotros mismos, del simbólico pozo donde se esconde la verdad.

La alquimia a través de su historia ha ido de lo científico a lo místico. Hoy existen tres vertientes definidas de los alquimistas: los científicos, quienes se esfuerzan por transformar científicamente los metales, y los místicos, quienes buscan a través  de la alquimia la mejora y transformación del ser.

Finalmente, que es lo que seduce al hombre en la búsqueda de la piedra filosofal, o del Art Magna, es difícil de interpretar, tan solo podríamos decir la alquimia, como el método para la purificación del ser, es necesaria para el hombre que pretende tener el acceso al supremo conocimiento.

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