Guías para padres

Guía para padres, como explicarles la vida a los niños, muerte, preguntas y respuestas acerca de la muerte, Que es la muerte, duele morir, que pasa al morir, se puede vivir otra vez.

¿Cómo explicar a un niño lo que es la muerte?

Muchas veces los niños presencian la muerte de su perro o gato preferido, a la muerte se le menciona en la enseñanza elemental de la religión, en las oraciones y en los relatos de la Biblia.

Es inevitable que un niño escuche hablar de la muerte, y por eso entre los 4 ó 5 años de edad comienzan a preocuparse por su significado y a preguntar a los padres.

Los adultos se preocupan más por el aspecto religioso y los niños por el aspecto físico de la muerte, a medida que van entendiendo su significado,
se atemorizan y confunden.

La idea atractiva del cielo y el apoyo cariñoso y firme de sus padres lo ayudarán a aceptar la muerte como requisito indispensable de la vida eterna.

¿Qué es la muerte?

La muerte es como dormir, tomando en cuenta que el niño se va a dormir todas las noches y puede metérsele el temor de no despertar jamás.

Debemos hacerles ver que la muerte es el paso de esta vida a la vidal del cielo. Luego podemos decirles los aspectos físicos, morir significa que nuestra alma se separa del cuerpo.

El alma se va al cielo y el cuerpo se queda quieto, ya no puede moverse, caminar, reír, tener ganas de comer, ya no puede sentir sueño ni cansancio, felicidad y tristeza.

Cuándo se pueda añadir a esta respuesta dependerá de la causa que provocó la pregunta, en caso de algún animalito doméstico el que murió, el niño quedará consolado al saber que el animalito ya no sufre, y después explicarle la diferencia con el alma de las personas.

Por la misma relación o actitud del niño ante la contestación, se comprobará si la explicación que le damos es suficiente o si hay que hablar más claramente.

¿Duele mucho morirse?

Al pequeño le es difícil comprender eso de “no sentir nada”, habrá que mencionarle que el cuerpo muerto ya no siente.

Que la última enfermedad puede ser dolorosa, pero que vale la pena sufrírla para estar pronto con Dios en el cielo.

¿Ya no se puede vivir otra vez?

Acostumbrando al niño a caer “muerto” en el juego de policías y ladrones, no es raro que considere la muerte como algo pasajero.

A él no le resulta difícil pensar que si alguien muere puede regresar a la vida nuevamente.

Cuando el niño pregunta si su abuela o él mismo van a volver de la otra vida (aunque sea de vez en cuando), se le recordará lo que ha aprendido en el catecismo sobre la resurección .

Es decir, que su alma estará en el cielo hasta llegando el día de la resurrección, entonces su alma volverá a unirse con su cuerpo para resucitar para siempre, sin volver a enfermar ni a sufrir jamás.

¿Yo también voy morir?

El pequeño que interroga sobre su propia muerte la presente en grado suficiente para experimentar un vago temor y cierta ansiedad, pero todavía no acaba de aceptarla.

Es necesario reconfortarlo con la aclaración de que todo ser vivo tiene que morir algún día para poder gozar de Dios y poder ir al cielo.

Comentarle que él tiene una larga vida, si el niño es muy sensible, no hay que escatimar las palabras de confianza en Dios y en la vida eterna.

¿Morirán tu y mi papi?

Lo que en el fondo piensa, es, qué pasará cuando se quede solo, quién se ocupará de él, y, por otra, teme no volver a encontrarse con sus padres, se siente indefenso y preocupado.

Al consolarlo y darle confianza debe tenerse en cuenta que la muerte de sus padres es una idea terrible para él, puesto que ahora depende completamente de ellos y es natural que se crea perdido si le llegan a faltar.

Hay que darle confianza diciéndole que sus padres todavía son fuertes y van a vivir mucho, y que, si Dios dispone de otra manera las cosas, allá en el cielo estarán, contentos y se acordarán de él y lo estarán esperando para estar todos juntos de nuevo.

¿Qué pasará si tú y mi papá se mueren?

Después de un tiempo, el pequeño quedará satisfecho con la afirmación de que sus padres son jóvenes y saludables, e indagará sobre su propia seguridad.

Hay que estar preparado para responderle al así. Si Dios quiere llevarme a mí, tu padre cuidará de ti, pero si nos lleva a los dos, de ninguna manera te quedarás solo. Tus abuelos te quieren mucho y cuidarán de ti, así como todos nuestros familiares.

Y siempre decirle que todos volveremos a juntarnos en el cielo, hay que inculcarle la confianza en Dios y en una vida posterior y mejor.

¿Qué ocurre con los que se mueren?

El pequeño ve que tuvieron que enterrar al perro o al gato, es fácil decirle que lo mismo hacen con las personas, ¿Recuerdas cuando murió tu gato? Lo guardamos en una caja y lo enterramos en el “jardín”.

Eso mismo se hace con la gente que se mueré, si el pequeño no ha pasado por esta experiencia, se le responderá lo mismo y se estará al pendiente para contestar a preguntas como estas.

¿Por qué lo meten en una caja?, o ¿Por qué lo entierran en un agujero?

Hay que responderle que no es la persona la que está en la caja, sino el cuerpo, que la Iglesia entierra a todos los hombres en los cementerios para que allí esperen el día del juicio final en el que resucitaremos todos.

¿Qué le sucede al cuerpo enterrado?

Por las palabras sueltas que haya escuchado, el pequeño ya no se preocupa tanto por saber si el cuerpo de su abuelo se va a mojar o si se lo van a comer los gusanos, como por las tétricas fantasías de una literatura morbosa.

Hay que quitarle estas ideas absurdas que contradicen abiertamente las verdades católicas y hacerle ver que, cuando pasa el tiempo, el cuerpo se convierte en polvo, pero que un día volveremos a ser tal como ahora somos, para siempre.

¿Cuándo morirá mi abuelo?

Cuando el niño ha comprendido que los ancianos se van primero, hacer esta pregunta, bien por curiosidad o por preocupación.

Tu abuelo es ya anciano -hay que responderle-, pero mucha gente anciana sigue viviendo largo tiempo todavía.

Todos cuidamos a tu abuelo para que se quede con nosotros muchos años más, por lo tanto debes ser bueno con él.

¿Me llevas al entierro contigo?

Al niño pequeño debe negársele el permiso, si es mayorcito hay que pensarlo antes de llevarlo al funeral.

Es cierto que la participación en la misa de defunción le permite compartir la pena familiar, pero las exageraciones de dolor lo inquietan y preocupan profundamente y pueden perjudicarlo en el futuro.

Por el momento es mejor dejarlo en casa, y en fecha posterior llevarlo al cementerio e inculcarle la costumbre de rezar por los difuntos.

Una vez que se le ha explicado al pequeño lo que significa la muerte, hay que evitar que deforme la idea clara y sana que de ella tiene.

Los cuentos de crímenes aterradores, pueden inquietarlo y llenarlo de temores, los primeros años, hay que procurar que escuche hablar de la muerte como algo natural que nos sucede a todos, para que se acostumbre y acepte la idea.

Tratando de que la muerte no la vea como terror, sino que es algo inevitable a lo que se llega por ley natural.

Se le puede decir que no se le lleva al entierro, porque a éste únicamente asisten las personas mayores, la edad apropiada para llevarlo, dependerá del carácter del niño y del criterio de los padres.