Cómo explicarle a mi hijo que es la adopción?

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¿Cómo explicarle a mi hijo que es la adopción?

Generalmente, cuando se adopta a un niño suele hacerce con las debidas precauciones para que no lo sepa sino una que otra persona que será discreta y sabrá callarse, y además, ya que los padres verdaderos hayan muerto o hayan renunciado al hijo.

Los papeles oficiales quedan arreglados de tal manera que el nacimiento del niño dentro del nuevo matrimonio parezca como legítimo y cuente con todo el apoyo de la ley.

En estos casos, no hay porque descubrir la verdad al niño. Si de grande llega a saberla, perdonará fácilmente al comprender que así han procedido sus padres por amor, a él y para seguridad suya.

Sin embargo, hay adopciones que hacen de una manera más abierta, ya sea porque el niño que ha sido
adoptado tenía cierta edad y por lo tanto guadaba un vago recuerdo de sus padres.

O bien, porque se ha divulgado la noticia de su adopción entre los círculos de amistades, de tal forma, que tarde o temprano llega a oídos del pequeño.

En ambos casos hay que tratar de hablar con el niño cuando éste tenga edad apropiada y pueda entender, para acostumbrarlo a la idea.

Si el niño se entera, por medio de otras personas, de su condición de hijo adoptado, esto puede causarle grandes trastornos y perjudicar sus relaciones con el padre y la madre, y tal vez, núnca se reponga del golpe emocional.

¿Es cierto que tú no eres mi mamá?

“Si, yo soy tu mamá y tú eres mi hijo. Si alguien te ha dicho que no, es porque no sabe lo que dice o porque quiere molestarte”.

“Tú eres nuestro hijo verdaderamente, pero tu nacimiento ocurrió en forma especial... Tu papá y yo queríamos tener un hijo exactamente como tú, estuvimos pidiendo a Dios hasta que al fin nos lo concedió de esta manera.

Un día, fulanita vino a decirnos que un niño se había quedado solo en el mundo porque sus papás murieron. Ese niño eras tú.

Cuando fuimos por ti, nos dio tanto gusto que desde el primer momento te quisimos mucho y te trajimos a vivir con nosotros.

Por eso tú eres nuestro hijo y nosotros somos tus padres”. A un cuando no sea igual a la historia porque los padres verdaderos aún vivan o por cualquier otra circunstancia, es importante guardar las restricciones mentales para no revelar la verdad sino a medias, lo que no es caer, por eso, en la mentira.

¿Quién era mi mamá?

“Lo único que sé es que era una señora muy buena que te quería mucho, tanto como nosotros, pero murió y nosotros nos hicimos cargo de ti para cuidarte”.

Aun cuando la madre haya sido una mala mujer y el padre un don Juan , no hay que decirlo al pequeño, pensando que así apreciará más el mérito de la adopción y olvidará a sus verdaderos padres.

Y después de ustedes, ¿Quién me va a adoptar?

Si el niño hace esta pregunta es porque tiene el secreto temor de que, así como quedó solo una vez, vuelva a pasar a otras manos.

Así diciendo y haciendo las cosas, los padres deben hacer sentir al pequeño que ya va a quedarse con ellos para siempre.

Una palabra inoportuna puede destruir años de desvelos y de confianza ganada.

¿Por qué tengo que querer a quienes no son mis papás y mis hermanos?

Los padres adoptivos, al escuchar este exabrupto dicho en tono airado o resentido, deben entender que es una manifestación de intranquilidad.

Bien porque el niño necesita escuchar que se le ama como un miembro de la familia o porque los padres se hayan descuidado y no lo hayan tratado al mismo nivel de los otros hijos y él se haya sentido menospreciado por ellos.

Cuando el niño hace a sus padres este reproche como que “mi verdadera madre me trataría mejor”, en su inconsciente quiere comprobar la sinceridad y firmeza del cariño que le dan sus padres adoptivos.

En el fondo desea escuchar que, a pesar de que no nació en el seno de esta familia, el padre y la madre son sus padres que lo quieren de verdad.

Y como verdadero hijo, les debe respeto y obediencia, como ha visto que existe en cualquier familia.

¿Qué caso tiene que adopten a uno?

Semejante pregunta índica que los padres han exagerado el amor hacia el hijo adoptivo al grado de hacerlo sentirse raro, o que usan de la adopción como arma para pedir al niño gratitud y obediencia todo el tiempo.

La respuesta verbal es fácil; “Sin duda que hay mucho mérito en la adopción, pero ni tú ni nosotros podemos
remediarlo”.

Por lo tanto, el problema interior requiere gran atención porque índica algunas fallas de los padres: el niño adoptivo no quiere atenciones especiales; quiere que se le ame con naturalidad, como a un miembro más de la familia; quiere sentir que lo tratan como a sus hermanos ( si los tiene).

No hay nada peor para un niño que sentir que lo tratan de una forma diferente a otros niños, esto no le da confianza y se siente aislado cada vez más.

El niño que sabe que es adoptado trata de olvidarlo, y portarse de una forma natural y sencilla con los padres.